Con miedo a enfermar.
Una tos, una pequeña herida, una mancha o lunar, o una sensación física anormal y no muy clara como una contractura pueden convertirse en signos de una dolencia “supuestamente” grave. Así es como viven los hipocondríacos, constantemente temerosos de enfermar.
La hipocondría no es un transtorno raro. Según estudios realizados en hospitales, se ha llegado a la conclusión de que entre el 4% y el 9% de la gente que acude a una consulta lo hace por síntomas hipocondríacos. Este transtorno es muchas veces una actitud aprendida en el propio entorno familiar.
Para un hipocondríaco es difícil aceptar que lo que padece se trata de un transtorno psicológico y no físico, por lo que no es raro que vaya de médico en médico hasta dar con uno que le diagnostique alguna enfermedad física, momento en el cual se “tranquilizará” pensando que tenía razón en quejarse de lo que le pasaba. Pero entonces comenzarán sus preocupaciones relativas a la gravedad de dicha enfermedad. En el fondo, todo esto, siempre está asociado a trastornos de ansiedad y depresión.
Lo que hay que tener claro es que ser aprensivo no es lo mismo que ser hipocondríaco. Además de que en el segundo caso se suele ver afectada la vida social, familiar y laboral. La persona hipocondríaca puede describir sus síntomas de un modo muy detallado y exhaustivo, fijándose incluso en el ritmo de los latidos del corazón, las funciones digestivas, la temperatura y posibles décimas de fiebre….El resultado final suele ser una separación de todo aquello que le rodea para centrarse sólo en la supuesta enfermedad.
El tratamiento básico, que debe ser llevado a cabo por un especialista, de ser posible por un psicólogo clínico, consiste en conseguir perder el miedo a estar enfermo, a los trastornos de salud en general, y finalmente, perder el miedo a la muerte.
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