“Lo suyo es psicosomático”.
“La gota que derramó el vaso”, esta frase describe un estado por el que todos atravesamos en algún momento de nuestras vidas. Los problemas se acumulan, las preocupaciones ocupan la mayor parte de nuestros pensamientos y parecería que no hay salida o, por lo menos, si la hay, no está al alcance de nuestras posibilidades. ¿Te has sentido así? Es bastante más habitual de lo que parece. Y tan frecuente como esa sensación es el cuadro que suele acompañarla. : Dolor de cabeza, diarrea o cualquier otro malestar estomacal. Si la situación emocional que nos perturba persiste durante mucho tiempo, aparecerán enfermedades más graves. Ocurre que en muchas ocasiones la enfermedad física es el resultado de un desequilibrio emocional que persiste a través del tiempo.
En algunas personas cuya salud física ha sido muy buena durante toda la vida, el trastorno emocional puede persistir durante mucho tiempo sin llegar a manifestarse de forma clara a nivel físico, aunque su organismo sí estará debilitado, de manera que tendrá mayor facilidad para contraer enfermedades comunes, como gripe o resfríos, falta de vitalidad o incluso alergias.
Otras personas, en cambio, manifiestan sus alteraciones emocionales a nivel físico muy rápidamente, de forma que es posible que ni siquiera sean conscientes de lo que están sintiendo.
La psicología utiliza la denominación “psicosomático” para poder expresar la relación existente entre el cuerpo y la psiquis.
Dentro de lo psicosomático se incluye a un gran número de enfermedades en cuyo desarrollo intervienen factores orgánicos y psicológicos, aunque estos últimos son determinantes.
Muchos especialistas aseguran que las personas que “somatizan” (es decir que “crean” una enfermedad a partir de un desequilibrio emocional) poseen una personalidad infantil, ya que reaccionan ante un conflicto directamente con su cuerpo sin utilizar el pensamiento. Según esta teoría, estas personas no pueden elaborar psíquicamente un conflicto, por lo que lo realizan con una descarga física. Así, sufren palpitaciones en lugar de sentir simplemente miedo; viven tomando pastillas contra la acidez estomacal por o poder expresar la rabia, o se atiborran de comida en lugar de manifestar angustia. Sus órganos “dicen” lo que ellos no son capaces de expresar. Les cuesta mucho aceptar ciertas realidades o s situaciones. La enfermedad que manifestarán estos pacientes va a estar determinada por la parte del cuerpo con la cual se exprese el síntoma.
Por ejemplo:
EN EL APARATO DIGESTIVO: úlcera péptica, colitis ulcerosa, gastritis, constipación, hemorroides y alteraciones de la vesícula. A decir de los psicólogos, existe una estrecha relación entre la elección del sistema digestivo como manifestador de síntomas y la relación que se ha tenido con los padres.
EN EL SISTEMA RESPIRATORIO: asma bronquial, bronquitis, rinitis alérgica y sinusitis. Aquí la relación se apoya en el hecho de que la depresión produce suspiros, la sorpresa corta la respiración, la angustia ahoga y la emoción sofoca.
EN EL SISTEMA CARDIOVASCULAR: hipertensión arterial, infarto de miocardio y hemorragias cerebrales. Estas personas son muy trabajadoras, compulsivas, nunca tienen tiempo para nada.
EN LOS GENITALES: vaginismo, trastornos menstruales y disfunciones sexuales. Quienes manifiestan estos trastornos psicosomáticos suelen ser personas introvertidas o reprimidas.
EN EL SISTEMA ENDOCRINO: bocio, diabetes, hipertiroidismo y obesidad. Lo manifiestan quienes canalizan su angustia de un modo equivocado o son demasiado autoexigentes.
EN LA PIEL: eczemas, calvicie, picazón, urticaria, psoriasis, etc. Son las personas que comúnmente se “brotan” y ante un ataque de ira, un episodio de excesiva angustia o una situación de estrés, reaccionan con manchas, ronchas o caída de pelo.
DOLORES MUSCULARES: en la zona lumbar, defectos en la postura, y hasta artritis. A decir de los psicólogos, son personas que se ven “limitadas” por una determinada situación en la que no saben cómo actuar u reaccionan “condicionando” sus movimientos habituales.
El tratamiento de estas personas siempre debe ser abordado por un equipo médico/psicológico, teniendo en cuenta el origen orgánico y psicológico del cuadro. La psicoterapia debe ser tanto individual como familiar.
La medicina moderna tiende a centrarse casi exclusivamente en el tratamiento de los síntomas, olvidando la verdadera causa de la enfermedad e ignorando, en muchas ocasiones, el hecho de que los síntomas que sufrimos, son los intentos que hace el organismo para inducir su propia curación. La fiebre, por ejemplo, es el mecanismo que elige el organismo (aumentar la temperatura) para destruir virus y bacterias. La inflamación no es más que la atracción, hacia el lugar afectado, de una serie de células y sustancias que combatirán ala agente infeccioso. Al mismo tiempo, se concentra dicho agente en el lugar inflamado, impidiendo que se extienda al resto del organismo.
Sin embargo, a veces estas defensas fallan. Puede ser que estas reacciones sean tan intensas que acaben haciendo más mal que bien y no sean capaces de curar, o que el cuerpo reaccione en forma inapropiada, o que aparezca un síntoma que persiste durante meses, ocasionando una molestia crónica. Y esto puede suceder ante agentes infecciosos comunes que muchas personas vencen con facilidad.
Todo esto sucede porque una situación estresante puede desencadenar una serie de reacciones químicas. Si la ansiedad es crónica, puede terminar produciendo enfermedades físicas o una alteración en el funcionamiento de determinados órganos.
Nuestra forma de ver el mundo también influye en los síntomas crónicos. Las personas con sentimientos y pensamientos frecuentes de desesperanza, desamparo y depresión, y que además, tienen poca capacidad para enfrentar los acontecimientos estresantes o resolver los problemas de sus vidas (”capacidad de afrontamiento”), tienen más probabilidades de tener enfermedades crónicas.
Si indagamos un poco es muy posible que descubramos estados emocionales negativos que pueden estar contribuyendo a la enfermedad física, produciendo síntomas directamente (dolores de cabeza, problemas digestivos, etc.) o debilitando nuestras defensas (por ejemplo: cuando nos resfriamos con excesiva frecuencia).
Ten presente que, los síntomas físicos nos llevan hasta nuestros estados emocionales negativos, y estos a su vez nos muestran los aspectos de nosotros mismos en los que debemos actuar. Muchas veces no es fácil decidir por iniciar el tratamiento psicológico, que es lo más indicado. La mayoría de personas que presentan trastornos psicosomáticos, no confían en la terapia psicológica, siendo los familiares y/o amigos quienes lo inducen para que se trate.
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